Mayo de 2016
Dejé pasar dos meses y volví a la consulta. Creía que Luger. iba
a abrir su agenda ahí mismo y firmar la disposición final de mi cadera
izquierda. Pero el hombre estaba optimista, habló de seguir estirando los
plazos, de que con cincuenta y cinco años soy joven todavía, que la expectativa
útil de una prótesis puede alcanzar a lo sumo los veinte años y otras cosas
más.
- Venite en un mes y medio; hacemos otra
placa y vemos –dijo ante mi recurrencia en la descripción del dolor-. Hay que evaluar también en cuánto
afecta a tu calidad de vida.
Mientras volvía a casa pensaba en lo de los veinte años de
utilidad de la prótesis que, adicionados a los míos, sumaban setenta y cinco.
Aunque tuve abuelos longevos (tres de ellos superaron los noventa), ni mi
mamá ni mi papá llegaron a soplar las setenta velitas, así que...Pero si yo llegara a correr la suerte
de mis abuelos, bien valdrá la pena una nueva operación.
En cuanto a lo de la calidad de vida, es muy subjetivo; pero
tener que depender de mi esposa María Laura para ponerme la media del pie
izquierdo, ya es un buen indicio del deterioro que viene sufriendo mi calidad
de vida. Haberme comprado un calzador de cuarenta centímetros de largo para
poder calzarme yo solo, es un claro indicador de que algo ya no es como era.
Tener limitación en cuanto a la rotación de la pierna, a su
flexión, luego de un rato de permanecer parado o sentado, es no sólo un síntoma
de la afección articular sino también un indicio de que mi calidad de vida está
en retroceso.
Despertarme en la cama porque me quema la cadera o me tiran los
cuádriceps del muslo izquierdo cuando me quiero dar vuelta, es sentir afectada
mi calidad de vida. Calcular tiempo extra para cruzar una calle porque mi paso
es ahora inseguro habla de una vida cuya calidad es precaria, sin duda alguna.

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