Junio de 2016
No creo ni en soluciones mágicas ni en cuentos chinos,
pero la noche del último Año Nuevo conocí unos parches de ese origen, con
efecto analgésico y antiinflamatorio. Anduve averiguando dónde los vendían, ya
que son de importación non sancta y no están autorizados ni por la ANMAT ni por
el Ministerio de Salud, hasta que hace unos días vi una caja con la figura de
un tigre en el supermercado chino de mi barrio. Ahí me acordé que el envase que
me habían mostrado seis meses atrás tenía también la figura del felino y aunque
no podía saber si se trataba de lo mismo por estar escrito todo en caracteres
orientales, imaginé que eso era lo que buscaba
Le
pregunté a la cajera qué eran esos sobres como de figuritas y haciendo economía
de consonantes, me respondió:
- Soh paches.
- ¿Para qué sirven? –repregunté.
- Cuello, piena, múculo, coluna.
Tora pate. Saca doló.
Compré cuatro sobres sin saber que cada uno traía cuatro
parches. Tal vez porque realmente son efectivos, tal vez porque despiden un
olor fuertísimo, mezcla de alcanfor, menta y no sé qué, el dolor cedió
notablemente con el transcurso de las horas. Empecé usándolo día por medio y
luego diariamente, tal como indica un sitio de Internet traducido del mandarín
básico al español.
Veníamos bien hasta que reaccionó mi piel y cada vez que me
despegaba el parche ya usado (recomendado también por mí como método de
depilación), mi piel empezó a exhibir una reacción tipo sarpullido cuya picazón
persistió, pese a cremas antialérgicas y reconstituyentes de la dermis, hasta
por lo menos tres semanas después. A otra cosa mariposa, basta de pegotes
chinos. Eso sí, quedé con el anca lampiña.

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