martes, 24 de enero de 2017

Cuento chino

Junio de 2016 


No creo ni en soluciones mágicas ni en cuentos chinos, pero la noche del último Año Nuevo conocí unos parches de ese origen, con efecto analgésico y antiinflamatorio. Anduve averiguando dónde los vendían, ya que son de importación non sancta y no están autorizados ni por la ANMAT ni por el Ministerio de Salud, hasta que hace unos días vi una caja con la figura de un tigre en el supermercado chino de mi barrio. Ahí me acordé que el envase que me habían mostrado seis meses atrás tenía también la figura del felino y aunque no podía saber si se trataba de lo mismo por estar escrito todo en caracteres orientales, imaginé que eso era lo que buscaba
 
Parches chinos: calman el dolor y depilan definitivamente.
Le pregunté a la cajera qué eran esos sobres como de figuritas y haciendo economía de consonantes, me respondió:
- Soh paches.
- ¿Para qué sirven? –repregunté.
- Cuello, piena, múculo, coluna. Tora pate. Saca doló.

Compré cuatro sobres sin saber que cada uno traía cuatro parches. Tal vez porque realmente son efectivos, tal vez porque despiden un olor fuertísimo, mezcla de alcanfor, menta y no sé qué, el dolor cedió notablemente con el transcurso de las horas. Empecé usándolo día por medio y luego diariamente, tal como indica un sitio de Internet traducido del mandarín básico al español.

Veníamos bien hasta que reaccionó mi piel y cada vez que me despegaba el parche ya usado (recomendado también por mí como método de depilación), mi piel empezó a exhibir una reacción tipo sarpullido cuya picazón persistió, pese a cremas antialérgicas y reconstituyentes de la dermis, hasta por lo menos tres semanas después. A otra cosa mariposa, basta de pegotes chinos. Eso sí, quedé con el anca lampiña.

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