"El rengo ya dejó de usar andador, ahora dejó el bastón de tres patas y pronto lo va a devolver. Cómo lo voy a extrañar. El rengomóvil es mío, mío".
sábado, 24 de junio de 2017
lunes, 19 de junio de 2017
Prealta, o como se llame
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| Mis huesos de titanio. |
A través de la radiografía conocí a mi trozo de titanio no atornillado -como había interpretado yo- sino encastrado en el interior del fémur en reemplazo de la parte del hueso con artrosis.
La semana pasada había tenido un adelanto del tiempo que inauguro hoy: mi primo Ariel me pasó a buscar y me llevó a dar un paseo en auto.
El sábado mi hermano Gabriel pasó por mí y fuimos al Radio Club City Bell. Él, a su curso de aspirante a radioaficionado; yo, a cebarles mate al profesor y a los alumnos. Toda una emoción para mí.
Así que hoy, regresado de la consulta médica, salí en auto a hacer un par de compras. Nunca disfruté como hoy de ir a hacer los mandados para casa.
En un mes habrá nueva Rx, consulta con el Dr. Luger y, si todo está bien, el alta definitiva. Nos acercamos al final del relato de "Operación Cadera".
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miércoles, 7 de junio de 2017
Puesta a punto
Otra vez salimos a caminar con Jero. Hoy me trajeron el bastón trípode y salí a amigarme con mi nuevo rengomóvil. Confieso que busqué en internet cómo se usa y, para mi sorpresa, debo manejarlo con el brazo contrario a la pierna (cadera) operada. Tiene que ver con el balanceo del cuerpo y el descargar el peso sobre él cuando se da el paso con el miembro debilitado.Así que acompañado de mi asistente y de los perros del barrio (hay uno que se sumó a Romeo y a Florencia que no sé de dónde es pero no se despega de ellos), emprendí la segunda sesión de prueba de mi cadera titánica. Por la Av. 5ª de Circunvalación llegué hasta la Av. 3ª. Para los forasteros, 24 y Pellegrini o 474. Entre ida y vuelta hice ocho cuadras y me picaron setenta y nueve mosquitos. Pero acá estoy, vivito y no digo que coleando porque no me animo todavía. No se olviden que tengo el anca achurada, la mejilla trasera con una cicatriz de casi veinte centímetros y todavía tengo que portarme bien.
martes, 6 de junio de 2017
Vamos que venimos
El domingo fue el gran día. Pasadas las seis de la tarde largas, el doctor Davor Luger llegaba a casa para revisarme. En verdad, era la primera vez que nos veíamos desde que me dio el alta hospitalaria el 21 de abril. Luego mantuvimos contacto telefónico inclusive durante las semanas en que también él estaba convalesciente por la colocación de un stent.
Me hizo parar, sentar, acostar, caminar, me miró la herida, todo en orden según sus expectativas. Así que me autorizó a aumentar paulatinamente mis distancias de caminata con el auxilio ya no del rengomóvil (el andador de cuatro patas) sino de un bastón trípode. En síntesis, me disminuyó un 25% los puntos de apoyo auxiliares.
También me dijo que puedo dormir de costado (apoyado sobre la pierna no operada) y hacer una serie de ejercicios hogareños a razón de dos sesiones diarias. Lo único malo es que no me permite todavía revolear la pierna por encima del borde de la bañadera, por lo cual me tengo que seguir bañando como si fuera un bebé: parado dentro del fuentón de cinc de la ropa y Laura tirándome agua caliente con una jarra mientras me enjabono y me enjuago. Ahora ya José instaló un duchador de mano, lo que me permite autovalerme en el rito higiénico corporal
En pocos días, cuando se cumplan los dos meses de la operación, me espera para hacerme una nueva radiografía y ver cómo sigue todo costuras y carnes adentro.
Ayer, por lo tanto, volví a calzarme las zapatillas (bueno, bah, yo me puse la derecha y Jero -mi ayudante terapéutico en la emergencia- me calzó la izquierda, con media y todo-) y salí a conquistar el mundo, con Jero cuidando mis pasos. Hicimos dos cuadras por la histórica Avenida Quinta de Circunvalación (hoy calle 24) y regresamos. Paso a paso, cuidadosamente midiendo mis pisadas, totalicé mis primeros cuatrocientos metros llanos testeando la respuesta del titanio que ya forma parte de mí. ¡Vamos, todavía! No llegué a las lágrimas, pero admito que sentí mucha emoción.
Me hizo parar, sentar, acostar, caminar, me miró la herida, todo en orden según sus expectativas. Así que me autorizó a aumentar paulatinamente mis distancias de caminata con el auxilio ya no del rengomóvil (el andador de cuatro patas) sino de un bastón trípode. En síntesis, me disminuyó un 25% los puntos de apoyo auxiliares.
También me dijo que puedo dormir de costado (apoyado sobre la pierna no operada) y hacer una serie de ejercicios hogareños a razón de dos sesiones diarias. Lo único malo es que no me permite todavía revolear la pierna por encima del borde de la bañadera, por lo cual me tengo que seguir bañando como si fuera un bebé: parado dentro del fuentón de cinc de la ropa y Laura tirándome agua caliente con una jarra mientras me enjabono y me enjuago. Ahora ya José instaló un duchador de mano, lo que me permite autovalerme en el rito higiénico corporal
En pocos días, cuando se cumplan los dos meses de la operación, me espera para hacerme una nueva radiografía y ver cómo sigue todo costuras y carnes adentro.
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| Mis primeros pasos. Aventura y emoción. |
Ayer, por lo tanto, volví a calzarme las zapatillas (bueno, bah, yo me puse la derecha y Jero -mi ayudante terapéutico en la emergencia- me calzó la izquierda, con media y todo-) y salí a conquistar el mundo, con Jero cuidando mis pasos. Hicimos dos cuadras por la histórica Avenida Quinta de Circunvalación (hoy calle 24) y regresamos. Paso a paso, cuidadosamente midiendo mis pisadas, totalicé mis primeros cuatrocientos metros llanos testeando la respuesta del titanio que ya forma parte de mí. ¡Vamos, todavía! No llegué a las lágrimas, pero admito que sentí mucha emoción.
jueves, 1 de junio de 2017
Novedades del pasado
Creo que voy entendiendo esto de ser "paciente". De una misma raíz latina, el paciente que sufre una dolencia y el que espera con paciencia tienen algo en común: ambos esperan que el sufrimiento -por la salud quebrantada o por la espera dilatada- se acabe pronto.
En mi condición de doble paciente llevo cuarenta y cinco días haciendo reposo y cuarenta y ocho horas tratando de ubicar al cirujano para que me diga qué pasos seguir (literalmente, digo; qué pasos puedo dar además de los contados que me permite hacer aferrado a mi andador y a no muchos metros de mi cama). Hoy pudimos contactarnos y me prometió que pasado mañana viene a verme y me dejará nuevas instrucciones. Vamos, todavía, que la Operación Cadera se acerca a sus capítulos decisivos.
Nunca fui de ver demasiada televisión, y si bien no es ese mi principal entretenimiento en mi convalescencia, he descubierto que tenemos servicio de tv por cable, pago, calidad de alta definición con pantalla de led para ver lo mismo que veía antes con cuatro canales de aire y un televisor cualunque.
Les cuento. Un par de semanas atrás vi el final de Volver al Futuro, película que vi en octubre de 1987 cuando mis amigos de entones, Diego Villanueva y Víctor Formica, la alquilaron en formato VHS para venir a verla en casa y acompañarme mientras me recuperaba de mi operación de menisco. Esta vez debió llamarse "Volver al pasado".
He visto, enteras o en partes, grandes películas que, debo confesar, no había visto nunca, salvo alguna excepción como la citada.
Arranquemos por Taxi Driver, con un pibe llamado Robert De Niro. Le siguen El Padrino -con este chico Al Pacino-, Perfume de Mujer (el mismo Pacino pero más mayor, película que sí he visto varias veces ya), El Francotirador, y una coincidencia temática: mientras en un canal daban Terremoto, la falla de San Andrés (film de 2014), en el de al lado daban Terremoto también, pero la original de 1970. Pesqué también Las Aventuras de Rabí Jacob (Louis de Funes, genial cómico francés, de los años '70), El gran Gatsby -los juveniles Robert Redford y Mia Farrow en esos mismos años- Una Chica al Rojo Vivo, y ya más acá en el tiempo, Los 33 -sobre los mineros chilenos que hace pocos años quedaron atrapados en las entrañas de una mina), Gravedad (Sandra Bullok) y la flamante El Ciudadano Ilustre. No faltaron Jurasic Park y su secuela Jurasic World, ni Titanic. Ah. También vi un documental referido a Juan Manuel Fangio y su compañero de equipo en la Fórmula 1 Stirling Moss rodado cuando el motor del último auto que corrió el piloto argentino todavía debía estar caliente.
Hay alguna joyita de museo más que se me escapa a la memoria, pero lo destacable es que en ningún caso se trató del canal Volver. Tengo un DVD con "Si todos los hombres del mundo", película francesa de 1956 que me trajo Fernando Arias para que me entretenga, pero con tantas novedades en la tele, no tuve tiempo aún de dedicarme a ella.
Si el sábado el doctor Luger me suelta la soga y ya no tengo que hacer tanto reposo, deberé lamentar todas las novedades del pasado de la cinematografía que me voy a perder.
En mi condición de doble paciente llevo cuarenta y cinco días haciendo reposo y cuarenta y ocho horas tratando de ubicar al cirujano para que me diga qué pasos seguir (literalmente, digo; qué pasos puedo dar además de los contados que me permite hacer aferrado a mi andador y a no muchos metros de mi cama). Hoy pudimos contactarnos y me prometió que pasado mañana viene a verme y me dejará nuevas instrucciones. Vamos, todavía, que la Operación Cadera se acerca a sus capítulos decisivos.
Nunca fui de ver demasiada televisión, y si bien no es ese mi principal entretenimiento en mi convalescencia, he descubierto que tenemos servicio de tv por cable, pago, calidad de alta definición con pantalla de led para ver lo mismo que veía antes con cuatro canales de aire y un televisor cualunque.
Les cuento. Un par de semanas atrás vi el final de Volver al Futuro, película que vi en octubre de 1987 cuando mis amigos de entones, Diego Villanueva y Víctor Formica, la alquilaron en formato VHS para venir a verla en casa y acompañarme mientras me recuperaba de mi operación de menisco. Esta vez debió llamarse "Volver al pasado".
He visto, enteras o en partes, grandes películas que, debo confesar, no había visto nunca, salvo alguna excepción como la citada.
Arranquemos por Taxi Driver, con un pibe llamado Robert De Niro. Le siguen El Padrino -con este chico Al Pacino-, Perfume de Mujer (el mismo Pacino pero más mayor, película que sí he visto varias veces ya), El Francotirador, y una coincidencia temática: mientras en un canal daban Terremoto, la falla de San Andrés (film de 2014), en el de al lado daban Terremoto también, pero la original de 1970. Pesqué también Las Aventuras de Rabí Jacob (Louis de Funes, genial cómico francés, de los años '70), El gran Gatsby -los juveniles Robert Redford y Mia Farrow en esos mismos años- Una Chica al Rojo Vivo, y ya más acá en el tiempo, Los 33 -sobre los mineros chilenos que hace pocos años quedaron atrapados en las entrañas de una mina), Gravedad (Sandra Bullok) y la flamante El Ciudadano Ilustre. No faltaron Jurasic Park y su secuela Jurasic World, ni Titanic. Ah. También vi un documental referido a Juan Manuel Fangio y su compañero de equipo en la Fórmula 1 Stirling Moss rodado cuando el motor del último auto que corrió el piloto argentino todavía debía estar caliente.
Hay alguna joyita de museo más que se me escapa a la memoria, pero lo destacable es que en ningún caso se trató del canal Volver. Tengo un DVD con "Si todos los hombres del mundo", película francesa de 1956 que me trajo Fernando Arias para que me entretenga, pero con tantas novedades en la tele, no tuve tiempo aún de dedicarme a ella.
Si el sábado el doctor Luger me suelta la soga y ya no tengo que hacer tanto reposo, deberé lamentar todas las novedades del pasado de la cinematografía que me voy a perder.
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