Bien, las cosas empiezan a tomar forma y a hacerse palpables. Me refiero a la fecha de la operación. Si bien en principio parecía que marzo era una buena hoja del calendario para anotar el evento, no siempre los tiempos son manejables y acabamos de poner los ojos en abril.
- ¿Antes o después de Pascua? -preguntó Davor Luger, quien piloteará el bisturí y ni quiero pensar qué otro instrumental, por no decir herramientas-.
Los primeros días de abril están muy cerca de la extracción de una raíz molar (otra) que me haré la semana próxima, y antes de Pascua implicaría pasar semana santa internado, cosa que no me seduce demasiado.
Y como tampoco quiero estar en casa cuatro días feriados pensando que al día siguiente me opero, preferí anotarme para el 24. Lindo mes abril; lindo día el 24, ya que alguna cosa muy buena me pasó en ese mes y en ese día, aunque de mayo.
Así es que en los próximos días iré a visitar al traumatólogo en su consultorio y ajustaremos bitácoras. ¿Quién me banca ahora? Hasta hoy, la operación era una decisión tomada, cercana, pero aún en una nebulosa. Desde hace un rato se empezó a hacer palpable. Después de la próxima consulta tendré en mano la lista de cosas a concretar antes del 24-4 (démosle ese toque especial de "día D" a la jornada cúlmine de la "Operación Cadera"). Aunque eso no bastará para hacer caso omiso del dolor cotidiano ni para olvidarme de que ya estoy entregado.
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