viernes, 7 de abril de 2017

Por otro 17

        Hace veintinueve años, un 17 de abril fue también un hito en mi vida: iniciábamos con Laura nuestro caminar en común. Por aquel entonces, escribía más o menos lo siguiente:


Amor en abril


        Era el año de la primavera. O como si lo fuera. Aunque es otoño en el calendaraio, había témperas y acuarelas de primavera en aquel par de almas enamoradas.

        Correteaba por sus pupilas, en uno y otro salto de grillo de atardecer el sentimiento animado de quien vive como el primer día la presencia del ser amado. Y de su remanso desbordado, donde sus pestañas eran una ronda alegre de juncos y totoras meneadas por la brisa pura, una lágrima partió por la mejilla y se deslizó, como cuando era chico se dejaba llevar por el declive del tobogán inalcanzable de maderas lustrosas pulidas por tantas colas de purretes soñadores.

        La letra temblorosa de él, en tinta negra, había anotado sobre una servilleta del bar de San Telmo lo que su corazón le dictaba: “...con la nueva luz brillan los pétalos palpitantes de las flores nuevas. Y sus colores frescos, con los brillos inquietos del rocío evaporados de una paleta de arroyo y escarcha, recorren los rincones de la vida dándoles su luz. Se trata de historia ya escrita; y a su vez, de historia por escribir”.

        Las estrellas de negro cristal transparente de los ojos de ella y su sonrisa toda de bizcochos eran elocuentes respecto de lo que su corazón de frezias estaba sintiendo. Del cielo estrellado de su imaginación tomó él el lucero que tantos enamorados se han regalado y con mucho cuidado y cariño lo envolvió en prolijo papel blanco de luna. Recortó del poniente una cinta rosada y ensayó un moño. Contempló su paquete chueco y arrugado -pensó que ella lo entendería- se lo entregó perfumado con la lavanda del corazón.

        Esa tarde revolotearon alegres los gorriones del alma y los de la bandada. Porque ese atardecer fue un amanecer. Con un sol tras una ventana con vista al pasado y hacia el futuro. Y los gorriones vivieron el presente; y lo contaron, y con esfuerzo lo creyeron.


Abril, 1998.

No hay comentarios:

Publicar un comentario