lunes, 19 de junio de 2017

Prealta, o como se llame

Mis huesos de titanio.
Hoy tuve la ansiada consulta médica de los dos meses de operado (que se cumplieron antes de ayer). Luego de observar una radiografía -que me hice ahí mismo- y de revisarme, me dio algunas indicaciones: ya no más bastón-rengomóvil -me preguntó si me sentía seguro prescindiendo de él-, ya no más elevainodoro, seguir con la rutina de ejercicios hogareños que me indicó hace algunas semanas y poca cosa más como autorizarme a manejar en trayectos no muy largos (ir a Buenos Aires, por ahora, no). En síntesis, me dio el alta intermedia, o sea una prealta.

A través de la radiografía conocí a mi trozo de titanio no atornillado -como había interpretado yo- sino encastrado en el interior del fémur en reemplazo de la parte del hueso con artrosis.

La semana pasada había tenido un adelanto del tiempo que inauguro hoy: mi primo Ariel me pasó a buscar y me llevó a dar un paseo en auto.

El sábado mi hermano Gabriel pasó por mí y fuimos al Radio Club City Bell. Él, a su curso de aspirante a radioaficionado; yo, a cebarles mate al profesor y a los alumnos. Toda una emoción para mí.

Así que hoy, regresado de la consulta médica, salí en auto a hacer un par de compras. Nunca disfruté como hoy de ir a hacer los mandados para casa. 

En un mes habrá nueva Rx, consulta con el Dr. Luger y, si todo está bien, el alta definitiva. Nos acercamos al final del relato de "Operación Cadera".

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