domingo, 6 de agosto de 2017

La Operación Cadera ha sido desactivada

Habrá que ir pensando en reencarnar este blog en otra temática. O hacerlo virar hacia algún rumbo en el que el nombre sea figurativo. Después de todo quien más, quien menos, todos tenemos alguna renguera en nuestro caminar por la vida. 

Pero en lo que hace a la esencia de este blog, al Diario de un rengo, nacido como catarsis derivada de mi cirugía de cadera y colocación de una prótesis, queda poco por decir. La Operación Cadera llegó a su fin.

El jueves pasado -3 de agosto- tuve la consulta médica que debía haber hecho dos semanas. El doctor Luger quería verme al cumplir tres meses de la operación y esa era la consulta pendiente. Me recostó en la camilla, me movió y retorció ambas piernas y dijo que casi no había diferencia en la reacción de una y otra. Para mí ambas se comportan con idéntica respuesta; sólo que la izquierda, la operada, tiene aún una limitación de movilidad cuando, por ejemplo, quiero cruzarla sobre la otra. Pero no es preocupante: más aun, ya me había anticipado que en lo sucesivo procurara evitar ese movimiento para no exigir a la prótesis en un ángulo extremo.

La rehabilitación indicada consiste en alternar media hora de caminata con otro tanto de bicicleta fija día por medio. Es decir que si hoy camino, mañana pedaleo. Eso por un mes. Al mes siguiente, aumento los tiempos hasta que se me haga una rutina de una hora diaria de caminata o bicicleta. No deportes de impacto -no fútbol y no rugby- y nada de andar a caballo. Tres actividades que no forman ni formaron parte de mi vida, así que no creo que condicione mi futuro el hecho de no poder practicarlas.

Por lo demás, creo no haber caído en la cuenta de que tengo en mi interior un trozo de titanio combinado con cerámica en reemplazo de un pedazo de mis huesos. Si no fuera por la cicatriz que me da esa sensación entre cosquillas e insensibilidad, por momentos me olvido de la operación. Al rato de caminar aparece un dolor interno pero que me dijo el médico que es normal. "Pensá que esto es mucho más delicado que recuperarte de un desgarro", me dijo, como indicando que todo lleva su tiempo. Ahí fue cuando me indicó lo de la bicicleta y la caminata como complemento de los ejercicios sencillos que vengo haciendo desde hace más de un mes casi como una extensión de lavarme la cara y los dientes: apoyado en el toallero hago mis quince flexiones matinales y mis quince nocturnas acompañadas de un par de movimientos más.

Así que acá voy dejando en el recuerdo el anecdotario de este tiempo previo y posterior a la cirugía de cadera. Agradecido porque las cosas salieron y siguen saliendo bien. Deseoso de que todo siga bien. A paso firme, con o sin renguera, con la mirada firme en cada mañana nuevo. A dar un paso más. 

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