Hace cerca de un mes empecé con algún dolor eventual en la articulación. En realidad no creo que haya sido exactamente así dado que no creo que tenga sensibilidad en mi combinación de titanio y cerámica que obra como cadera izquierda.
El doctor Luger me dijo, telefónicamente, que seguramente se debía al cambio del patrón de marcha, pero que quería hacerme una radiografía.
La placa permitió saber que todo está en su lugar ahí adentro, debajo de los dieciocho puntos de sutura que filetean mi mejilla trasera izquierda. Entonces me explicó que antes, de manera imperceptible desde que empecé con las molestias y hasta que me operé -algo más de cuatro años- mi patrón de marcha (mi forma de caminar) fue cambiando. Y ahora, con la osamenta en su lugar y alineada como corresponde, volví a mi paso natural y mi cuerpo debería reacostumbrarse y adaptarse a él.
No fue difícil. Caminando sin el temor de que algo anormal estuviese sucediendo, en pocos días se fue el dolor. Salvo que haya tormenta (mucha humedad y baja presión atmosférica), ni me acuerdo de que tengo dentro de mí un artefacto artificial, que no me pertenece pero me cambió la vida.
Ah, noticia importante: en el lento camino de recuperar movimientos, esta semana logré volver a calzarme yo mismo la media en el pie del lado operado. Todo un logro, aunque les parezca una pavada. Yo ya estaba pergeñando un calzador de medias y zoquetes, pero reo que por el momento guardaré los materiales conseguidos con ese fin. Vamos que podemos.
El próximo capítulo será a finales de ese mes de octubre, cumplidos los seis meses de la intervención. Y a otra cosa mariposa.
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