Increíblemente ya pasaron seis meses desde la intervención. De acuerdo con lo recomendado por el doctor Davor Luger, la semana pasada volví al consultorio para hacerme una radiografía de la cadera. Frente y perfil. Un simple trámite de rutina, ya, gracias a Dios. Subirme a la camilla, quedarme quieto, rotar un poco la pierna, otra vez quieto, bajarme de la camilla y a otra cosa, mariposa.
Hay veces en que me parece mentira que esos simples movimientos vuelvan a ser naturales, indoloros. No sé si ya les dije: ¡vuelvo a ponerme yo solo la media del pie izquierdo! Es que ese movimiento de flexión y de rotación lo tenía limitado desde mucho antes de la operación. Y como poco a poco voy recuperando flexibilidad y movimientos, me he encontrado haciendo cosas que ya me había olvidado que hacía. Lo de ponerme los zoquetes es especial: da una idea del grado de limitación que uno va adquiriendo con el avance de la artrosis, de cuán dependiente puede volverse el paciente, el enfermo, durante el proceso de la afección.
Vamos, todavía. La próxima consulta será en seis meses más, al cumplirse el año del 17 de abril.
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