lunes, 16 de abril de 2018

Un año después...


Este martes -17 de abril- destaparé un agua mineral con gas para celebrar mi primer año de paciente protésico. En la noche de ese día de 2017, Davor Luger y su equipo médico me acostaban sobre la mesa del quirófano para proceder a una cirugía de reemplazo de cadera izquierda. La artrosis había llegado al límite y en lugar de mis huesos articulados -cabeza de fémur y cotilo- instalaron un kit de titanio y cerámica que viene cumpliendo de maravillas con sus obligaciones.

Ya he contado lo bien que estoy en ese sentido. Bromeo diciendo -no sin razón- que de lo que mejor estoy es de la operación. El sobrepeso, la hipertensión, el hipotiroidismo, la roncopatía y el agrandamiento de la próstata no son cuestiones atribuibles a la que llamé Operación cadera, pero sí exigen de mí la atención necesaria en estos momentos. Así que si pensaba en descansar de médicos y estudios en los tiempos posteriores a la recuperación quirúrgica, estoy listo: turnos de consultas, de estudios, de médicos, de especialistas… mis anotaciones de días y horarios parecen el fixture del Mundial de Rusia pero sin Messi ni Sampaoli.

Por recomendación médica tuve que renunciar al fútbol, el rugby, el motociclismo y el hipismo, además del montañismo y alguna que otra actividad más. Quienes me conocen saben cuánto de mi vida se va en las disciplinas nombradas.

Parientes y amigos, afectos, ya pasó un año y vale otro gracias a todos y a cada uno de ustedes. No los nombro por el riesgo de dejar a alguno afuera. Pero cada uno sabe cuánto le toca de mi gratitud. Con mi pequeño mecano a cuestas, brindo con burbujas a mi salud.

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