martes, 24 de enero de 2017

"Barquina"

19 de diciembre

Andar por la vida dando barquinazos, rengueando en más o en menos de la pierna izquierda según el temperamento osteomuscular del día, me trae a la memoria aquello de andar "como zapallo en carro", es decir "de acá para allá" según las irregularidades del camino que hacen que lo que lleve un carro se bambolee de un lado para el otro.

Aunque a más de uno no le guste esto de autoproclamarme “rengo” aunque sea transitoriamente, las cosas son así. “Nada de Rengo, -me retó desde el otro lado del río mi amigo Diego Villanueva-. Vas a salir adelante”.  Claro que sí; si no, no estaría haciendo todo lo que hago y voy a hacer para mejorarme. Tampoco a mi esposa María Laura le gusta mucho que yo trate el tema con cierta humorada. Pero es para mí una manera de liberar tensiones generadas por los dolores actuales y la natural preocupación por lo que se viene.

"Barquina" junto al maestro Aníbal Troilo.
Y esto de la renguera trajo a mi memoria también a un personaje que Francisco Llano describe en su libro "La aventura del periodismo", donde relata y describe ámbitos y personajes del periodismo de Buenos Aires de mediados de la década de 1920 hasta finales de los años '40. Eran los años del reinado de los diarios Crítica y El Mundo donde escribían plumas de la talla de Borges, Arlt, Petit de Murat, el Malevo Muñoz. Y entre ellos estaba Francisco Loiácono, a quien este último apodó "Barquinazo", apelativo que el propio aludido resumió en "Barquina". Los biógrafos aluden a su andar "compadrito", con seguridad era una forma eufemística de referirse a su renguera.
 
Bajo de estatura y rollizo, de traje de medida y moño, Barquina ingresó al diario Crítica como ascensorista, fue secretario de Ulises Petit de Murat -maestro de redactores, si los hubo- y en diez días ya era hombre de confianza del director y propietario del diario, Natalio Botana.

Amigo de Carlos Gardel y de Carlos de la Púa, salvó a muchos de sus amigos de los malos trances de los verdugos torturadores de la Sección Especial de la Policía. Su experiencia como cronista de Policiales le abría muchas puertas en ese ámbito.

Se cuenta que siendo Juan Perón presidente, Loiácono lo fue a visitar y sin tapujos se despachó con esta frase: "Lástima que chapó este laburo de Presidente. Con la pinta que usted tiene ¡qué flor de cafisho pudo haber sido!"

En su fiesta de casamiento tocaron siete de las orquestas más importantes de Buenos Aires al tiempo que compositores consagrados como Firpo y Canaro le dedicaron decenas de tangos.

Yo no lo tengo a Gardel, pero tengo un tanto así de afectos que valen mucho más de lo que cualquiera pudiera imaginar.



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