19 de diciembre
Andar por la vida dando barquinazos, rengueando en más o
en menos de la pierna izquierda según el temperamento osteomuscular del día, me
trae a la memoria aquello de andar "como zapallo en carro", es
decir "de acá para allá" según las irregularidades del camino
que hacen que lo que lleve un carro se bambolee de un lado para el otro.
Aunque a más de uno no le guste esto de autoproclamarme
“rengo” aunque sea transitoriamente, las cosas son así. “Nada de Rengo, -me
retó desde el otro lado del río mi amigo Diego Villanueva-. Vas a salir
adelante”. Claro que sí; si no, no estaría haciendo todo lo que hago y
voy a hacer para mejorarme. Tampoco a mi esposa María Laura le gusta mucho que
yo trate el tema con cierta humorada. Pero es para mí una manera de liberar
tensiones generadas por los dolores actuales y la natural preocupación por lo
que se viene.
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| "Barquina" junto al maestro Aníbal Troilo. |
Bajo de estatura y rollizo, de traje de medida y moño, Barquina
ingresó al diario Crítica como ascensorista, fue secretario de Ulises
Petit de Murat -maestro de redactores, si los hubo- y en diez días ya era
hombre de confianza del director y propietario del diario, Natalio Botana.
Amigo de Carlos Gardel y de Carlos de la Púa,
salvó a muchos de sus amigos de los malos trances de los verdugos torturadores
de la Sección Especial de la Policía. Su experiencia como cronista de
Policiales le abría muchas puertas en ese ámbito.
Se cuenta que siendo Juan Perón presidente, Loiácono
lo fue a visitar y sin tapujos se despachó con esta frase: "Lástima
que chapó este laburo de Presidente. Con la pinta que usted tiene ¡qué flor de
cafisho pudo haber sido!"
En su fiesta de casamiento tocaron siete de las orquestas
más importantes de Buenos Aires al tiempo que compositores consagrados como Firpo
y Canaro le dedicaron decenas de tangos.
Yo no lo tengo a Gardel, pero tengo un
tanto así de afectos que valen mucho más de lo que cualquiera pudiera imaginar.

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