20 de noviembre
Si
el osteópata del que hablé antes tenía razón, yo debería empezar a sentirme de
maravillas a juzgar por la lucha sin cuartel entre el dentista y yo. Claro que
podría haberme echado una maldición por haberlo dejado colgado en la segunda
consulta a la que nunca asistí en venganza por su mal trato y el dislate de
atribuir al estado de mi dentadura la causa de todos mis males.
Mientras tanto, y en honor al odontólogo interviniente, debo
decir que el postoperatorio de la extracción de la muela fue tranquilo.
Ibuprofeno, antibiótico, hielo y reposo hicieron que no hubiera dolor, al menos
en grado preocupante. Hoy, a tres días del hecho, me reencontré con el mate que
tenía vedado. Parece ser que el movimiento de succión –sea a través de una
bombilla o de un cigarrillo- atenta contra la cicatrización de la herida
resultante de la extirpación dentaria.
Pero acá estoy, listo para la mordida y feliz de que el
organismo responda de maravillas defendiéndose ante los ataques de la ciencia.
Diez puntos la cicatrización y dolor en nada comparable con los de mi cadera
izquierda. Rengueo, pero vamos por más.
03 de
diciembre
Me resisto a pensar que el dolor es una cuestión aleatoria: hoy
se siente en todo su esplendor, mañana no tanto, pasado te vuelve a doler,
después nada... Y hasta sucede que después de un día de mucho dolor, a la noche
casi no se siente; o al revés: paso un día tranquilo, y después no me deja
dormir.
No encontré respuestas ni en el médico ni en el gran oráculo de
este tiempo que es Internet. Pero puesto a elucubrar sobre el tema y comprobar
que nadie me estuvo retorciendo los músculos tibiales durante la noche ni
encendiendo fuego en la cabeza del fémur y que tampoco nadie estaba parándose
sobre mi rodilla, arriesgo mi propia teoría doméstica de que hay variables que
se cruzan o combinan, y acaban por producir ese efecto. Quiero decir que
posiblemente dependa de un factor físico (mayor o menor exigencia articular y
muscular como caminar de más o estar mucho tiempo parado) más otro factor que
puede ser químico (hormonal, medicación en sangre, determinada alimentación
combinada con los anteriores).
Por lo que fuere, después de un día “intermedio” en cuanto a los
dolores que me acompañan, tuve una noche en la que tenía la sensación de que me
clavaban un clavo de no menos de seis pulgadas a tres centímetros de la ingle.
Suelo recurrir, al acostarme, al hielo aplicado sobre
articulación y músculos, el cual voy corriendo a uno y otro punto en busca de
un alivio que no siempre llega. Y entonces vuelve el interrogante: ¿qué es lo
que hace que un día sea “pasable” y el otro insoportable?
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