martes, 24 de enero de 2017

¿Columna o cadera? ¡Las dos!

Agosto de 2014

La “Operación Cadera” empezó hace unos dos años, cuando mis dolores recurrentes en la espalda y la cintura me llevaron a la primera consulta médica con el traumatólogo, a cuatro cuadras de mi casa. Doble hernia de disco y una colección de picos de loro a lo largo de las vértebras enhebradas en díscola escoliosis daban un pronóstico pavoroso. “Si no bajás de peso y no te cuidás, no te veo buen futuro”, dijo el especialista en aquella oportunidad. Gracias. Todos te dicen el qué, pero nadie te explica el cómo...

Esto hizo que de manera simultánea dejara mis caminatas de tres o cuatro veces a la semana, casi cinco kilómetros y medio en cada sesión con el estímulo de Fernando Arias España, quien me pasaba a buscar por casa ni bien yo llegaba de mi trabajo. Era una sutil presión, una suave violencia sobre mi sedentarismo. Lo cierto es que cuidarme en la comida más esta actividad física me había permitido bajar trece kilos en nueve meses. Pero el dolor persistente y recurrente me obligó a parar y, por momentos, a renguear.

Con los estudios debajo del brazo peregriné por vez primera al consultorio del mencionado doctor Luger, en La Plata:
- Sí, tu columna está complicada, pero más me preocupa tu cadera.
- ¿Por qué?
- ¿No te explicaron?

Entonces, sobre la misma resonancia magnética según la cual me habían diagnosticado la catástrofe vertebral, me señaló que en la articulación entre la cadera y la cabeza del fémur había poca luz y algunas irregularidades en la superficie de contacto articular, lo que indicaba una artrosis bastante notoria para un organismo de poco más de cincuenta años. “La solución es quirúrgica, pero no hay ningún apuro. Yo a tu cadera la quiero pelear hasta el final”.


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