martes, 24 de enero de 2017

Escatología postoperatoria y tratamiento alternativo

24 de octubre


Aunque en teoría faltan cuatro o cinco meses para la posible operación y hago como si estuviera tranquilo, que hay muchas cosas por hacer antes, el tema ronda mi cabeza en cuanto me descuido.

Las peguntas afloran cuando menos las espero y entonces empiezo a imaginar, a suponer. Me refiero a las preguntas de orden práctico porque a las otras, las de orden filosófico y espiritual prefiero, sí, tenerlas a raya hasta llegado el momento. Mientras tanto sigo rengueando.

Ya sé que luego de la intervención, en dos o tres días me hacen caminar. Luego son unos treinta días de reposo que irá menguando con el paso de las semanas, pero serán treinta días de dormir boca arriba, de caminar con muletas o con andador (la “mesita del televisor", como le dicen), de depender de un tercero para trasladarme, para higienizarme, para...

A propósito, una de las indicaciones postoperatorias del médico fue la necesidad de usar un elevainodoros, un dispositivo que se superpone al artefacto sanitario para que la persona –en este caso, yo- no deba sentarse en posición casi agachada. La cuestión es que por un tiempo la cadera no deberá ser flexionada a noventa grados o menos, cosa que solemos hacer al sentarnos en asientos relativamente bajos.
Que el postoperatorio sea relajado, por lo menos.

Luger explicó que los inodoros tal como los conocemos son una invención francesa del siglo XVII, época en la cual el promedio de altura de la persona adulta era de algunos centímetros menos que en la actualidad. Al parecer Napoleón no era el único petiso en la antigua Francia y por lo tanto, al diseñar el artefacto para tan higiénica acción, lo hicieron más bajo de lo que hoy lo necesitamos. Y lo más increíble es que aún nadie se animó al escatológico desafío de modificarlo.


31 de octubre

La idea de estirar el momento cúlmine de la “Operación cadera hasta febrero o marzo obedece a evitar los calores veraniegos en cama, vendado, inmovilizado. Además, es tiempo como para tratar de bajar unos kilos, hacerse los chequeos de rutina, hacerse una pasadita por el odontólogo... en fin.

Lo difícil será ir domando los síntomas día tras día, ya que el ibuprofeno y el diclofenac se hacen sentir en el estómago y no hay mucha otra alternativa para el dolor. Un poco de crema o gel de uso externo pero que también llega al estómago a través del torrente sanguíneo, tratar de elongar algunos de los músculos del muslo y fortalecerlos con ejercicios pero hasta ahí, porque la movilidad es cada vez más limitada. Si el día es de poco dolor, me subo a la bicicleta fija y pedaleo un ratito –cinco o diez minutos es lo que aguanto- lamentando que en ese tipo de bicicletas no haya pendientes hacia abajo para aprovechar el envión y dejar de pedalear.

Y en la búsqueda de soluciones aparece la acupuntura como terapia para el dolor y una consulta para una terapia alternativa de campos biofrecuenciales no invasiva y sin medicamentos, ni inyectables ni por boca, que dice ser organizativa y biomolecular. Mucha palabra que me dice poco, pero al fin y al cabo, la terminología de la medicina convencional tampoco le dice nada a un lego en la materia como yo. Después del 11 de noviembre les cuento.

8 de noviembre

Como si temieran caer en el olvido, cadera y músculos se combinan ciertos días y, como si sufrieran de ansiedad crónica, se manifiestan particularmente inquietos. Anoche, por ejemplo. Me había hecho mis tratamientos paliativos caseros (elongación, hielo, movimientos de rotación) y me dispuse a dormir como siempre. Pero ellos, como chico caprichoso o al que le duela la panza, se encargaron de despertarme una y otra vez con ese dolor punzante entre la quemazón y el torniquete, y hasta la sensación de que algo pujaba por perforarme el glúteo para llegar a la articulación. Simultáneamente tenía la impresión de que alguien tironeaba de los cuádriceps para despegarlos del hueso.

Finalmente sonó el despertador; me levanté, me duché con agua fría –dejé por un rato que el agua cayera sobre el muslo díscolo-, me apliqué diclofenac en crema y complementé el desayuno con 600 mg de ibuprofeno, previacápsula de antiácido. Un par de horas después todo empezó a tranquilizarse.


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